| La indigestión televisiva |
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| Familia - Padres |
| Escrito por Claudia Patricia Ramirez |
| Lunes, 19 de Junio de 2006 00:00 |
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En estos tiempos, como nunca, el hombre ha tenido en sus manos el poder de elegir: entre el bien y el mal, entre lo decente y lo vulgar, entre una carrera u otra, entre comprar o no, entre qué ver y qué evitar, etc., etc. La televisión puede ser un instrumento extraordinario de educación y conocimiento, sobre cuestiones científicas, artísticas, culturales; podemos conocer otros países, sus usos y costumbres, y mil cosas más, hasta unas magníficas clases de cocina o de gimnasia. La televisión es una bendición para enfermos, ancianos, solitarios, desvelados y angustiados que encuentran en ella una distracción que les es muy necesaria.¿Por qué pues, hacemos mal uso de ella? No debemos permitir la entrada a nuestros hogares la violencia, que aparece como la única forma de actuar, el sexo tratado con una frivolidad denigrante, el chisme malsano, la vulgaridad de algunos cómicos, etc. Pero en realidad lo que nos interesa es saber ¿qué sucede con los niños que ven este tipo de programas?Cuando la violencia televisiva es diaria, los niños modifican su visión de la realidad y su proceso de conocimiento. Ciertamente, no todos reaccionan igual ante imágenes violentas o escabrosas, aunque existe una categoría más vulnerable: niños con serias carencias afectivas y poca estabilidad. Peor aún es la situación en los menores de seis años que ven programas para adultos sin tener, naturalmente, una capacidad crítica. El desarrollo correcto de la capacidad crítica en el niño está condicionado a la presencia del adulto durante la transmisión de un programa; presencia activa que comente, oriente y guíe.Es fundamental ayudar a los niños a distinguir realidad y ficción, activar una especie de diálogo crítico con este intruso que, gracias a la fuerza de la imagen, se instala en nuestro hogar y convierte el tradicional círculo familiar en semicírculo. A pesar de todo lo que vivimos actualmente, estoy convencida que la televisión puede ser un aliado impagable en la educación de un niño, siempre y cuando sus contenidos se mediaticen con la presencia activa de los padres. Algunos consejos optimistas para los padres de familia son: · Disciplinar el tiempo. Un tiempo de visión dejado a la indecisión y al uso frenético del telemando, no tiene valor ni significado. Es positivo intentar responsabilizar al niño para que no “mate” sino que administre el tiempo.· Seleccionar anticipadamente los programas consultando atentamente revistas especializadas. Si la programación no ofrece alicientes, será oportuno contar con una adecuada videoteca de películas, caricaturas y videos. Si son buenos y están bien hechos, a los niños no les importa verlos más de una vez. · Explicar, sin dramatizar excesivamente, la violencia de algunos espectáculos. A veces los niños no parecen impresionarse ante ciertas imágenes pero es bueno subrayar que se trata de algo construido, falso.· Evitar, si es posible, que el niño esté solo viendo el televisor. Si no es posible hacerle compañía, es oportuno que invite a un amigo para que se acostumbre a comentar y discutir lo que ve. El futuro es hoyEsta responsabilidad no corre toda a cargo de los padres, necesitamos jóvenes, autores, directores, técnicos, productores bien formados moral y profesionalmente. La televisión es uno de esos campos donde más claro se ve que la ciencia, tecnología y conciencia son un trinomio inseparable. “Elijamos, vigilemos, formemos criterios, defendámonos y apaguemos la televisión, prendamos la familia”. (Antonio Cabrera)Claudia Patricia Ramírez www.almas.com.mx
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