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El buen uso de la televisión: una apasionante oportunidad PDF Imprimir E-mail
Familia - Padres
Escrito por Carlos Azarola   
Domingo, 08 de Enero de 2006 00:00
Es manifiesto que muchas Series de TV están transmitiendo formas de pensar tremendamente hedonistas, y como siempre no podemos olvidar que el buen ejemplo de los padres es crucial en la educación y formación de los hijos.
 
A muchos padres les preocupa el cariz que está tomando la televisión, se quejan de que está muy mal, pero es frecuente que permitan que sus hijos la vean a todas horas. El caso es que no tienen tiempo para nada y menos para discutir con sus hijos cuando éstos desean ver “Los Serrano”, por ejemplo. Pues los padres de mis amigos les dejan verla, es la excusa perfecta a la que no tenemos replica. Educar a nuestros hijos para usar bien la televisión es una asignatura que suspenderíamos muchos padres.
 
La televisión ha llegado a ocupar un tiempo precioso en nuestras vidas, y un lugar privilegiado en nuestro cuarto de estar. Acaba de publicarse el interesantísimo libro, que será una gran ayuda para tantos padres, titulado Cómo sacar partido a la televisión de Ediciones Rialp que, de manera muy clara y práctica, analiza estas cuestiones relacionadas con la televisión y la familia. Hablamos con la autora, Mª Mercedes Álvarez, periodista y crítica de televisión, con muchos años de experiencia en este campo.
 
 
¿Por qué un libro “para sacarle partido a la televisión”?
 
La televisión es un electrodoméstico que forma parte de nuestras vidas. Y más en las vidas de nuestros hijos. La televisión en sí no es perversa, pero sí el uso –abuso- que hagamos de ella. Creo que hace falta mucha formación en este sentido, tanto para los jóvenes, como para los adultos. Por eso, y con los años que llevo trabajando con la televisión y sus contenidos como materia prima, pensé ofrecer a las familias un libro que fuera práctico, contando con las dificultades cotidianas que tienen -que se reflejan en los casos y anécdotas- y que diera ideas de cómo verla, cómo aprovecharse de sus fallos y aciertos para educar y como utilizarla bien durante el tiempo de ocio.
 
¿Tanto influye la televisión en nuestras vidas?
 
Influye muchísimo en todas sus facetas: los noticiarios, las series, los programas de debates, la publicidad... Hay que tener en cuenta que más de un 70% de la población se informa sólo a través de la televisión, y para más de la mitad es su única fuente de entretenimiento.
 
¿No es al fin y al cabo la televisión un reflejo de la realidad?
 
La televisión es un medio imponente, fantástico, y potencialmente muy necesario y beneficioso para la sociedad, pero no es su papel sacar en pantalla todo lo malo que existe en el corazón del hombre con la excusa de que así es el mundo. Más bien puede ser un instrumento -y muchas veces lo es- para aportar soluciones positivas a problemas, para mostrar lo bueno de la humanidad, para concienciar a las personas hacia las realidades que, de verdad, les hace más humanos y solidarios, etc.
 
Las series españolas son las estrellas de la programación, seguidas por muchos televidentes. ¿Qué valores transmiten actualmente?
 
Las series, efectivamente, son la baza más rentable de muchas programaciones. Están imbuyendo en la población, especialmente en los jóvenes, que son los más influenciables, una cierta forma de pensar –y, por tanto, de vivir- tremendamente hedonista y egoísta. Dicen sus productores que reflejan el ambiente de hoy, pero eso no es cierto, porque sabido es que la televisión actúa como amplificador de la realidad. Un ejemplo: la gran mayoría de las teleseries parte de situaciones familiares y personales irregulares y atormentadas cuando no dramáticas. Y aunque esto se da, existe una realidad mucho más amplia y rica que no sale nunca en la televisión, porque no crea espectáculo.
 
A pesar de los convenios de autorregulación aceptados por las propias cadenas y de la existencia de una Directiva europea sobre la TV, ¿no existe un total descontrol y desorden en los contenidos?
 
Efectivamente, las leyes no se cumplen ni se tiene en cuenta el horario de protección del menor (de 7 de la mañana a 10 de la noche) en el que no se puede emitir violencia, sexo o contenidos perjudiciales para la infancia y la juventud. Pero nadie le quiere "poner el cascabel al gato" cuando se trata de reformar contenidos que puede acarrear, a veces, pérdidas de audiencia.
 
En uno de los capítulos del libro, se hace mención de la fuerza de los televidentes sobre las propias cadenas. ¿Sirve de algo reclamar?
 
Siempre. Los responsables de las televisiones están mucho más abiertos a las sugerencias de su audiencia. Hemos de exigir, como consumidores de TV, un buen producto. Tenemos derecho a ello, igual que cuando vamos al supermercado reclamamos calidad por lo que pagamos.
 
¿Cómo definiría nuestra televisión en general?
 
En nuestras cadenas se puede encontrar muchos programas positivos, por lo que es complicado calificarlas globalmente, y además sería injusto. Me entra la tentación de decir que nuestra televisión es una televisión chabacana, que se ha definido agresivamente por la fórmula del entretenimiento, olvidando la misión de informar -lo hacen con espectáculo y frivolidad- y formar -más bien, deforma.
 
¿Cuál es el reto que tienen los padres ante este estado de cosas?
 
Lo principal, es dar buen ejemplo a nuestros hijos. Es como mejor se educa. Que nos vean ver la televisión selectivamente y con responsabilidad. Y luego, la formación del sentido crítico, que se aprende con información y selección previa de los programas que vamos a ver. Si esto es fundamental con los adultos, imagínese con los niños y jóvenes. Muchos padres permiten a sus hijos ver toda la televisión que desean. Muchos padres comodones, o simplemente muy ocupados, ceden ante los chantajes de sus hijos y se desentienden del tema con tal de tener la fiesta en paz.
 
Hay niños que ven diariamente seis horas de TV, casi todo su tiempo libre. Aparte de los daños para su salud física y mental, la frivolidad y los antivalores de las series o ciertos programas infantiles perjudican gravemente el desarrollo ético de los niños.
 
¿Es la televisión más perjudicial que otros medios de comunicación cuando transmiten el mismo contenido (cine, cómics...)?
 
La televisión tiene una difusión extraordinaria, mucho más que el cine o que los medios escritos. Para ver la televisión sólo hay que pulsar una tecla; sin embargo, para ir al cine hay que molestarse en salir, guardar cola y sacar una entrada que cuesta dinero. Por eso, no es que la televisión sea más perjudicial, sino que su capacidad de transmitir se multiplica en todos los casos. De ahí que, efectivamente, puede producir un daño mucho mayor que otros medios de comunicación si los mensajes son perjudiciales, y pueden hacer un bien mayor si sus emisiones son buenas, positivas y provechosas.
 
¿Son los dibujos animados violentos más perjudiciales para el niño que las películas y series con este contenido?
 
A partir de cierta edad, el niño intuye que la violencia en los dibujos animados es postiza: a un personaje le dan con un mazo en la cabeza, le aplastan como un acordeón y luego se recupera como si nada... Es mucho peor la violencia que puede ver en películas de "carne y hueso". Pero las producciones animadas ejercen un sugestivo poder en las mentes infantiles. Los niños pueden llegar a caer en la tentación de repetir esa violencia que ven. Además, los héroes "buenos" también ponen por obra métodos violentos que quedan, así, justificados. Esto crea confusión en el niño, que puede llegar a pensar que, para conseguir un fin bueno puede recurrir a todos los medios a su alcance, aunque sea emplear la violencia física o moral.
 
¿Cómo debemos ayudar al niño: proponerle los programas que nos gustan a nosotros o cuidar de que no vean los que le perjudican?
 
Hasta que el niño no empieza a tener uso de razón, no sabe bien lo que es bueno o no para su proceso de formación como adulto. Lo ideal es conseguir que hijos y padres se pongan de acuerdo para seleccionar programas. Los padres así ayudan al hijo a razonar por qué una cosa es mala para él y por qué otra es buena y, desde luego, evitar que pueda ver programas perjudiciales para él. Esta tarea es verdadera función educativa de los padres y por muy subjetiva que pueda ser en cada caso, siempre hay unas líneas generales en las que coincide todo el mundo. Como es lógico, corresponde a los padres determinar qué programas y cuánto tiempo les permiten estar al frente al televisor. Y observar si ver la televisión va en detrimento de otras actividades buenas para él, como jugar, ayudar en casa o hacer sus deberes escolares.
 
La publicidad tiene un capítulo aparte en el libro...
 
Desde luego. La publicidad influye muchísimo en los hábitos y decisiones de compra y lo curioso es que poca gente lo reconoce. Considera que la publicidad es información, cuando su objetivo no es informar sobre un producto –apenas lo hacen-, sino convencerte de que si no tienes aquello eres un don nadie o no vas a tener éxito. Curiosamente, en la publicidad –que, por otra parte, técnicamente es de una gran calidad- se publicita con el valor de pureza o autenticidad algo que es impuro: el tabaco, el alcohol; se publicita como algo que te hace libre, el riesgo, jugarte la vida con un coche de lujo, etc. En esto funciona no la información sobre un producto sino la manipulación. Y la publicidad infantil es tremendamente engañosa, ya que crea en el niño expectativas que no existen en el juguete.
 
Por último, ¿cuál es la regla de oro para ser un buen telespectador?
 
Como regla de oro, diría que un buen telespectador es aquel que ve muy poca televisión, ya que la considera como un medio más de ocio, no el único o el principal. Unido a esto, recomiendo la educación temprana de los niños en el uso de la televisión; es decir, que los padres les enseñen desde la primera infancia que la televisión sólo se ve en determinadas ocasiones y seleccionando los programas que vamos a ver. Así, el niño se acostumbrará, como en otros tantos hábitos, a ser responsable.
 
                                                        
Carlos Azarola
Escritos Arvo

 
 

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